Desayunando después de las “trampas”.

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No hay plazo que no se cumpla, y fue así que llegó el 25 de septiembre y con el lanzamiento del libro “Trampas del Hambre”. Les deseo a todos los escritores tener un lanzamiento como el que viví yo ayer. Cobijada por muchos cariños, afectos y amores, se hizo oficial lo que ya muchos sabían: Que estoy escribiendo constante y sonante. ¿Quién sabe por que otros mundos andar mis letras? ¿Quién puede adivinar que almas moverán o qué deseos alimentarán?

Escogí la lectura de las “Crónicas de los desayunos” para la presentación porque es el primer cuento del libro, porque es breve, y porque me gusta. Pero también porque es una lectura que ha tocado a muchos de los que viven o han vivido en pareja. Es el augurio de la vida compartida, al parecer, mueve. La intención de darle a la narración esa voz masculina surge de dos partes: La primera tiene que ver con la actriz en mi, a la que le gusta desdoblarse y meterse en otros cuerpos sin siquiera pedir permiso. La segunda se refiere un poco a la compasión: siempre he pensado que si bien la condición femenina ha sido castigada a lo largo de la historia, la condición de lo masculino ha dejado de ser observada en la dimensión de lo humano. Ellos también sufren y cometen errores, muchas veces por estar condicionados por el marcaje social, y no por ello dejan de llevar una sensibilidad que se esfuerzan por ocultar en alma. Después, el ritual de desayunar como acto indispensable para comulgar con los nuestros, hizo el resto.

Hace poco tiempo, estuve alojada durante un viaje en casa de unos queridos amigos que son pareja. Llamémosles X a ella y Y a él en honor de su genética. X y Y no han tenido buenos tiempo desde hace un tiempo. En algún punto al final del viaje quedé a solas con Y, quien en un acto de humildad empezó a hacer el recuento de sus propios errores. Mi condición de amiga de ambos y mi afán justiciero de poca monta me impide, de verdad me paralizan, para poder emitir un juicio acerca de las personas que quiero, especialmente si hay un conflicto entre ellos. Tomé mi libro como parapeto y comencé a leerle a Y “Crónicas de los Desayunos”… la lectura le provocó un estado de catarsis que me conmovió hasta lo más profundo de mi ser. Si, he de confesar que el ego se acomoda un poco para crecer y el pavorreal del creador empezó a extender su plumaje para exhibirlo al mundo… pero no, de pronto el pajarraco se guardó discreto ante la inquisidora razón que lo mandó a esconderse. La razón me lo dijo, y yo la escuché: Esas letras leídas a mi amigo, ya no eran mías, eran de él. Se las apropió para darles un sentido que sólo su propio viaje podían darle y yo era una acompañante que solo podía tenderle la mano para sujetar su dolor y transitar por ese camino recién descubierto. Días más tarde X lo leyó y tuvo una reacción parecida en la forma, pero distinta en su fondo. Ella es la heroína de su propio viaje, ella tiene una apropiación distinta de esas crónicas.

El cuento no solucionó la vida de X y Y, no les dio ninguna fórmula mágica para seguir adelante separados o juntos, pero si les dio a ambos la posibilidad de dimensionar la amplitud de sus afectos y la proyección de lo futuro. Esas sencillas letras, les dieron un regalo inesperado que los ayudará como bálsamo placebo a aminorar sus cargas, pero entonces el viaje se hará más ligero.

Las letras no son de quien las escribe, son de aquel que las lee.

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Presentando las Trampas.

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Sucede que un día tus narraciones se vuelven mayores de edad y necesitan buscar otros rumbos y otros público que vaya más allá del cerrado grupo de amigos y familiares, que se deshacen en loas ante esa extraña combinación de ideas, palabras y signos de puntuación. Este sentimiento de “mayoría de edad”, fue el que me decidió a publicar una breve selección de mis cuentos bajo el título de “Trampas del hambre”, cuyas historias probablemente parezcan inconexas o disímiles, pero que desde mi punto de vista, nos hablan de las hambres que como seres humanos nos asaltan y dominan. Ya lo dije en otras ocasiones: El hambre se regala como la oportunidad de buscar aquello de lo que carecemos. Hay una condena al mostrarla pues exhibe las más bajas necesidades de lo humano, de lo animal, y nos coloca fuera de lo racional y más lejos de lo divino. Sin embrago es el hambre el motor de las fobias y las filias entre las cuales nadamos y desarrollamos nuestro ser, desde las hambres más terrenales, como aquellas que hacen devorar los miedos en forma de guisos exquisitos, pasando por el hambre del otro que se sacia solo a través de la carnalidad pasional, hasta el hambre de la libertad, o la de dar a luz a un ser o a alguna quimera, y hasta el hambre de tener lo material para compensar la inanición del espíritu. Es, en fin, el hambre, esa sensación de vacío que nos mueve hacia la venganza, la pasión, el amor o la comida, según sea el caso y las circunstancias. La labor del cuerpo es reconocerla, la de la mente saciarla, y la del espíritu transformarla, ya sea en motor de lo constructivo o en la devastación de nuestro propio ser.

Mi amigo Luis Deulofeu, autor de varios libros, entre ellos “No llores ni tengas miedo: Conmigo no te pasará nada”, me hablaba de un escrito de su autoría acerca de la publicación de éste, su primer libro, donde narra las hazañas que llevó a cabo su publicación sin intervención de su parte. Trata de cómo esa entidad literaria cobra vida propia y escoge andar caminos por los que nunca soñaste transitar, pues el libro influye de maneras tan diversas en los lectores que remarca el universo variado que contiene en él mismo, sin importarle mucho las intenciones del autor. Así que una falta de originalidad absoluta, procedo a plagiar su idea. Es, efectivamente, un acto de desprendimiento el dejar ir tus letras. Pretendo, a través de este blog, contarles y tener registro de los acontecimientos que se suceden alrededor de las “Trampas del hambre”, mi primera publicación. Este camino que está condicionado hoy en día por el manejo mediático de las redes sociales, los medios de comunicación y algún que otro afecto que logra colarse tras las rendijas de la imposición abyecta de “vender libros”, como uno de los objetivos de la publicación. En estos tiempos el mundo influye en los libros más de lo que quisiéramos que los libros influyeran en el mundo.

No es la primera vez que tengo un blog. El anterior fue cerrado por cuestiones de asesorías en cuanto derechos de autor, y víctima de una tribu de vándalos que constantemente grafiteaban el ánimo de la que escribe con críticas anónimas que en ese momento me parecieron crueles, por decir lo menos. Pasaron varios años antes de que entendiera que cuando uno lanza las letras, estas ya no te pertenecen: son del dominio público, y cada cual reacciona ante ellas de acuerdo a la manera en la que el mundo se le presenta. Una concienzuda revisión al prólogo de El Retrato de Dorian Grey, hizo resonar una vez más y para siempre las palabras de Wilde, que rezan: “La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que está viva. Cuando los críticos disienten, el artista está de acuerdo consigo mismo.”

Repetirlo como mantra es la única salida superficial, analizarlo en su debida dimensión, da paz.

Este domingo 25 de septiembre de 2016, se llevará a cabo la presentación de “Trampas del hambre” en el Museo de San Carlos a las 12:00 m. El camino recorrido incluso para escoger el recinto, ha estado cargado de escollos, que van desde la dicotomía absurda de dar a conocer tu obra desde el anonimato que te cubre y por tanto el nulo poder de convocatoria, hasta la cruel experiencia de ser dejada en “visto” por personas con las que te interesaba compartir este difícil parto literario. Créanme, a veces un “NO” por respuesta, tiene más valor que el desprecio del silencio. Pero nuevamente repito, el plan del destino del libro está trazado y llegará a quien tenga que llegar. Hoy se que la presentación que hago yo de mi libro, provocará solamente ese apretón de manos entre el lector y mis letras. La relación que cada cual establezca con mis historias, queda a cuenta y riesgo propios. Por esto estoy en paz. El universo que habita en el alma de cada cual, o el agujero negro que tenga cada uno, marcará la entonación con la que se toque la partitura. Gracias de antemano a todos los que me acompañen.

Todo lo que aquí refiera, estará impregnado de la realidad. Al menos, la que se ve a través de mis miopes ojos.